
CAPITULO 2:VERDE
Me parecía mentira que aquel trozo de vidrio verde, frío e inerte estuviese en mis manos después de aquella especie de visión que me hiciera distinguir aquel verde entre azul y dorado de aquellas intrincadas aguas. Rápidamente me dispuse a observar todo lo que pudiera, como aquel niño travieso que encontraba un tesoro en un baúl antiguo y polvoriento. El marinero llamado Guzmán me miraba con cara de sorpresa porque no pensaba que un novato de la navegación y de los mares pudiera haberse apercibido de aquel objeto cuando ellos andaban tan pendientes siempre de su medio de vida.
El vidrio estaba cubierto de una pasta adherida de arena y un pequeño musgo que cubría su superficie de forma que era imposible acertar a simple vista si había algo en su interior. Miré al trasluz sin posibilidad alguna de ver nada. Este hecho me ponía más nervioso y con más ganas de indagar.
- Rápido Guzmán volvamos al barco para ver que tenemos entre manos.
- Si señor ahora mismo.
En ese momento con fuertes golpes de brazo Guzmán nos fue acercando a la escalerilla que pendía de la cubierta. Según íbamos subiendo por la escala se divisaba la cara perpleja del capitán que no perdía detalle de lo que tenía en mi poder.
Pasamos raudos por toda la cubierta hasta entrar en el puente de mando desde donde el capitán controlaba nuestro rumbo entre aquellos bonitos paisajes. En la gran mesa cogí un foco extensible y acerqué el vidrio a la luz. El capitán me acercó su navaja inseparable que lo había acompañado por los siete mares y comencé a rascar la superficie. Pronto surgió una extraña figura, era un signo que me era conocido pero no acertaba con describirlo. La película viscosa en que estaba envuelta la botella poco a poco se fue desprendiendo y pudimos ver perfectamente la silueta de una flor de lis.
Una flor de lis grabada en el vidrio, un símbolo de nobleza y debajo inscrito el año 1804. Pensé inmediatamente en la posibilidad de algún galeón hundido, pero la tradición decía que ninguna nao había encallado en aquellas apartadas y remotas aguas. Al girar la botella vi asombrado, que justo en la cara opuesta de la flor de lis había un pegote de verdín que ocultaba algo, parecía un mensaje o una expresión, porque ocupaba una parte importante de su superficie. De nuevo comencé a rascar con el puntiagudo filo de la navaja hasta comprobar horrorizado la presencia de unas siglas S.O.S
Esas siglas habían sembrado en nosotros una gran duda… una flor de lis, un año grabado en la botella y unas siglas, que obviamente eran recientes porque esa cara estaba mejor conservada, signo evidente de haber permanecido más tiempo cara al sol y no rozando el agua.
El puente se fue llenando de curiosos hasta que el capitán tuvo que poner freno a aquella gigantesca curiosidad de aquellos pasajeros aburridos por el tedio de la ruta y ambicionando que sucediera algo que les hiciera sentirse protagonistas de algo.
Sólo dejó pasar el capitán a uno. Era el médico del barco y, al mismo tiempo, un amante de la navegación y de su historia.
Se llamaba Hugo Méndez, mexicano de nacionalidad y cuya curiosidad le obligaba a acercarse cada vez más a comprobar esas letras.
Hasta que su criterio le llevó a emitir un dictamen que nos dejó boquiabiertos:
- Esas siglas de S.O.S. están escritas con sangre…








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