jueves, 19 de abril de 2007

NOVELA POR ENTREGAS



SOLEDAD

CAPITULO 1:AZUL

En un día soleado y caluroso, en la proa de aquélla prodigiosa nao me encontraba charlando con mi magnífico amigo y capitán del aquel buque Enrique Zimmer intentando salir de mi desagradable y estresante rutina, buscando la tranquilidad, el sosiego y el silencio q aportaban aquellas suaves y azules aguas. Todo era un remanso de absoluta quietud y el graznar de los estilizados albatros presuponía una maravillosa travesía solo y a la vez en compañía de todos extraños que compartían el pasaje.
Mi amigo miraba al horizonte con dificultad porque los rayos del sol se reflejaban en el brillante mar a modo de gigantesco cristal donde todo se hacia aun más bonito.
Estaba contento porque tenia de esperanzas de encontrar algo, no sé que, que llenara mi vida, una nueva ilusión, un nuevo capítulo escrito con letras de oro, y que hasta entonces había sido desconocido para mi. Me pasaba horas sentado en aquella gastada hamaca en compañía de un magnífico libro y un una refrescante limonada que me ayudaba a combatir a ese guerrero astro que brillaba ahí en lo alto para evitar que pudiéramos acercarnos.
Tras páginas y páginas de aquella interesante aventura decidí cerrar sus pastas e incorporarme para confirmar que seguía teniendo todos aquellos músculos que ya había relajado demasiado.
Me estiré todo lo que pude y con mis manos me froté los ojos en señal de que andaba en el límite de la realidad y los brazos de Morfeo. Quité mis manos de mis cansados ojos cuando en alta mar observé algo brillante. Era un pequeño reflejo que casi podía pasar desapercibido. Me di pequeños golpes en mi cara porque no descartaba fueran los efectos del sueño.
De nuevo me apresuré a observar y lo seguía viendo, entre aquel azul brillante que todo lo cegaba.
Me apresté a buscar al capitán y le señalé el lugar exacto donde lo había observado por si podía ser algo importante.
Me movió la cabeza de derecha a izquierda negando mi idea, pero sin saber por qué me había obsesionado por aquel pequeño y en apariencia insignificante misterio. Tanto insistí que el capitán mandó a un hombre acompañarme en una de las barcas de salvamento que se encontraban adosadas al barco. Bajamos tan pronto pudimos mientras cientos de curiosas miradas observaban desde la cubierta expectantes por saber qué hacíamos y los que el capitán intentaba entretener en compensación a haber parado el barco. El marinero me fue acercando al objeto hasta que, con la punta de los dedos, lo fui acercando sin saber que era. Mientras hacía el esfuerzo observaba como cientos de peces payasos en formación seguían a su líder bajo aquellas cristalinas aguas.
Con los ojos cerrados lo fui acercando, notando su frialdad, por haber estado flotando y vagando entre oleaje propio de esas aguas. Cuando lo tuve cogido abrí los ojos….
No puede ser… es… una botella.

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